La bolsa en cuarentena

Los peques suelen ser acumuladores. Pequeños Diógenes. Por cierto, Diógenes era lo contrario, pero esa es otra historia.

Los peques suelen tener sus pequeños tesoros. Pequeños Golums. Golum si es Golum.

Lo malo es que esos tesoros van cambiando según pasean por la calle o los abuelos les dan un kinder sorpresa.

Y entonces van apareciendo en casa desde piedras hasta miniaturas inservibles de plastiquete.

Pero atención porque… llega… chan ta ta chán! ¡LA BOLSA EN CUERENTENA! (León rugiendo – Fuegos artificiales)

Esa bolsa de cartón, típica de las tiendas de ropa, que está en la encimera de la cocina pegadita a la pared y es inaccesible para nuestras pequeñas fieras.

Si, esa bolsa es tu gran aliada.

El plan es el siguiente. Si tiras a la basura algo y tu peque se acuerda de ese oscuro objeto de deseo tres días después, es irrecuperable, gone, sayonara, volatilizado.

Y ahí estás tu, visualizando el camión de la basura volcando en el vertedero esa mierdecita barata de colores. Y ahí está tu peque llorando desconsolado gritando que lo quiere. Y tu le dices que no sabes donde está mientras sientes tu corazón tan áspero como el velcro.

Ahora si vas pillando el plan.

Todo lo que quieras hacer desaparecer va a esa bolsa que pasa desapercibida, la bolsa en cuarentena, recuerda. Cuarentena viene de cuarenta (perdona). Y cuando pase ese mes largo en esa bolsa que no molesta a nadie cada preciado tesoro… basura! rubish! puf puf!

Y tu tan libre, tan minimalista, tan all bran…

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