¿Quieres caminar conmigo?


Era una noche de lluvia de estrellas.

Bastante gente nos habíamos acercado al límite de la ciudad, cosa de ver más oscuro el cielo.

Y ya sabes, te tumbas en el suelo para que no se te quede el cuello como cuando te sentaste en la primera fila del cine.

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Entonces, pasa una familia andando.

Familia normal.

Niño, niña, papá y mamá.

Y sus frases van pasando fugaces entre mis orejas. Solo hablaban la niña y la mamá.

La niña estaba muerta de miedo. Berrinche. Cerebro bloqueado. Era de noche y en esa zona sabía que había jabalís.

Jabalíes.

Jabalinas.

(Las tres valen según la RAE)

Y la niña solo lloraba y gritaba que quería irse de ahí.

Necesitaba estar en brazos de papá, asfalto y paredes. Seguridad. Abrazo. Calor. Cueva.

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Pero era el plan que habían hecho los padres y la niña lo estaba chafando con sus tonterías. Eso pensaba la mamá y así lo expresaba:

«Deja de llorar y tener miedo que lo estás estropeando todo.»

«Esto está lleno de gente y todos se están dando cuenta de que eres tonta.»

«Si no te portas bien ahora, nunca nadie te va a querer.»

Y mamá no daba su brazo a torcer, seguían andando campo adentro y la niña se había convertido en su enemiga. Y papá era fiel a mamá. Y niño callaba.

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Y la niña montando el berrinche solo para molestar.

Imaginando jabatas y jabatos solo para tener miedo y llorar y gritar más.

Y así,

Nadie

Nunca

La iba a querer.

(O eso decía el hechizo)

Traducción: Tus sentimientos no importan, aprende a esconderlos y olvidarlos si hay gente delante porque es la única manera de que aparezca un príncipe azul, te salve y te lleve a su palacio para que le friegues los suelos.

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Todos llevamos caca de este tipo en la cabeza de gente que nos quiere.

¿No?

Si, mira dentro. Muy dentro. Cierra los ojos y vuelve al cole.

Pasa los dedos por debajo de la mesa y sentirás algún chicle duro y pegao entre la barra metálica y el tablero.

¿Ahora sí?

Repite: Yo no soy eso. Ya no.

Coge una espátula de metal y dale al chicle. Fuerte. Hasta que salte al suelo.

Ahora coge el chicle y devuélveselo.

Di: «Toma mamá», «toma papá», «toma abuelo», «toma amiga», «toma profe»

«Es tuyo», «no mío», «solo tuyo», «te pertenece», «ya no lo quiero», «me confundí pensando que era mío».

«Ya no lo quiero».

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Ahora tu mesa está limpia y ligera, preparada para que agarres el lápiz y escribas lo que quieres que sea tu vida desde ya. Haz nuevos dibujos, nuevos trazos, nueva vida y nuevo futuro.

Acabas de arrancar los chicles.

Vale mucho si eres hijo/hija.

Porque tu presente tiene que ser fresco y libre de chicles de otros.

Vale mucho si tienes hijo/hija.

No vaya a ser que seamos nosotros quienes van pegando los chicles a las personas que nos quieren.

Eso, te deseo ligereza y frescura en tu día a día y en tus planes de futuro. Te lo mereces.

Y puedes tenerlo de una manera más fácil apuntándote ahí abajo, porque envío emails para familias con flow: